El flamenco es un arte y pertenece a los artistas. Lo demás, es un exudado de su propia condición.

domingo, 24 de julio de 2011

LETRAS DE FLAMENCO I

CANTES POR SOLEÁ



Yo me subo a tu azotea,
pa´que en saliendo la luna 
me llame cuando me vea.

Piropos por soleares,
que no tendrá el morapio,
pa´que le hagan romances.

Le temo a tu mare
más que a una faca
que corta el aire.

Soy agua y perdí mi fuente
 y en Triana la encontré;
nacía en la calle larga
y corría por Fabié.

Dios mío, qué raro es
que pidas flor a un rosal
y el rosal te de una clavel.

La luna te hizo
una cante por carceleras,
vino y se fue sin aviso

Qué bien lo llevas
el mantón en la cintura,
gitana, por la Alameda.


miércoles, 20 de julio de 2011

ÁNGEL CORPA

                         Hoy he conocido a alguien especial, además sin tener que moverme del trabajo, ha venido sólo. Esta tarde apareció por la taberna, acompañado de mi mecánico de “amotos” favorito, creo que el mejor del mundo, aunque a este mecanish man, el arte tampoco se le da malamente, en lo que respecta a guitarreo y compás.
                          Este cuyo nombre lleva esta entrada se trata de alguien con historia, y que además forma parte de la nuestra, y de nuestros recuerdos. Hablo de gente de mi edad. Y en adelante. Porque su nombre quizá a muchos no les diga nada, pero en cambio a esos mismos sí que les sonará el nombre de “Jarcha”, mítico grupo músico-vocal español que en los setenta logró alcanzar una popularidad y cariño del público como ningún otro lo ha conseguido hasta la fecha, además de hacer importantes aportaciones literarias, poéticas y culturales, que recordamos con nostalgia. Este de quien les hablo, Ángel Corpa, es el mítico barbudo que recitaba en el grupo y que tantas veces nos dijo:
Dicen los viejos que en este país
hubo una guerra,
que hay dos Españas que guardan aún
el rencor de viejas deudas…

Este es el grupo Jarcha. Entre sus componentes se encontraba también, Maribel Quiñones, "Martirio". El que está sólo tocando la guitarra es Ángel Corpa

                         Pues ahí andábamos, matando la tarde, cuando se presentaron, posiblemente buscando el bar de guardia, y a pesar de que departimos durante poco tiempo, las sensaciones, al menos las mías fueron muy positivas. El mecánico me arrancó unos tangos de Triana. La guitarrita estaba destemplada pero acompañó eficazmente. Luego, en la charla, su sensatez y su criterio musical no dejaban lugar a dudas, o a mí me lo pareció, se trata de un talento artístico que pasa desapercibido, como lo hacen, tristemente, la mayoría de los que existen. Evocamos el famoso pub de su propiedad en la Gran Plaza, donde tantas noches de buen ambiente hemos vivido mi mujer y yo de solteros y recién casados, junto a nuestros amigos y donde Ángel tocaba el piano, la guitarra y cantaba todas las noches. Lástima de que todo lo que tiene encanto en esta ciudad vaya languideciendo hasta desaparecer. Antes de despedirnos, volvió el mecánico a requerirme otro toque de gracia, sugiriéndome en este caso una sevillana, en la que me acompañó cantando a dúo. Reivindicamos entonces idealizado, un pequeño grupo de amigos que ensaye un par de veces a la semana y se busque la vida los finde, por salas de fiesta, ferias y saraos. Un día de estos. Creo que la sevillana nos salió bien, aunque Ángel, ni a los tangos, ni a la sevillana hizo comentario alguno. ¿Le gustaron o no? Se admiten apuestas.


Ángel Corpa


ROMANCE DEL MORAPIO

Clientes del Morapio. Gitanos, payos, amigos... trianeros.


I
¡Qué fue de aquel empedrado,
qué fue de aquellos cristales,
y qué de aquella techumbre
con sus arbóreos puntales!
Si fue morada de dioses,
en los antiguos anales,
se asentaba aquí, en Triana,
la casa de los cabales,
en Pelay Correa, primito,
con los puntos cardinales
nítidos en las memorias
de sus incondicionales.
Esta morada trianera
Olimpo de los mortales,
fue socorro y quitapenas,
cuna de las soleares,
patrimonio del olvido
de las cosas terrenales,
y compromiso perdido
del tiempo y sus arenales.

El Dios Baco de Caravaggio


II
Si Baco hubiera sabido
lo que tú, Triana vales,
en la miel de tus esquinas,
la sombra de tus  portales,
las letrillas de tus fraguas,
el carácter de tus calles,
 tus rincones de esperanza
y el sabor de tus corrales
otra cosa hubieran sido
sus fiestas y bacanales.
Si ese dios no te habitó,
tampoco curó sus males,
pues quiso darle al Olimpo
sus pecados capitales;
si te hubiera conocido,
paradigma de arrabales,
En Grecia desamparara
lujos y solemnidades

y a tí, Morapio te diera
sus laureles patriarcales.


Flamenco en el Morapio

III
Cuánto dieran por volver
a sentarse en los lugares
donde cantaba Mairena,
Juan Talega y Chocolate,
a la cava de Triana
otro amor y otros desplantes,
y tú, Melchor repicando
tu siguiriya gigante,
en el mimo de tus dedos
cuando no miraba nadie
a la sombra de sus tejas
con resonancias astrales
el eco de aquel vibrato
que de tu bordón dejaste
sonando a rayo de luna
y a susurros doctorales.
¡Y dónde las voces gitanas
que clavaban sus puñales
en las tapas  del sentío
de quien quisiera escucharles!

Mi familia en un bautizo. Eso es lo que había entonces.


IV

Dónde los sueños de niños
que en tus entrañas forjaste
al más puro amor de barrio
en días angelicales,
que crecieron al compás
del jazmín de tu arriate,
al son de la siguiriya
y del pan con chocolate.
¡Cuánta gloria, cuánto garbo
cuántas cosas, cuántas tardes,
cuántos laureles marchitos,
cuánto encanto, cuánto empaque!
Se va la palma del barrio
cuando pasa por delante
con su jato sobre el hombro
Mercedes con sus retales,
camino a la Rinconada,
a Tocina, o Los Rosales,
combatiendo por los suyos,
para que nada les falte.


Costaleros de la Esperanza

V

Cuantas madrugás de luna
con la Esperanza en la calle,
con la saeta gitana
prendida en los azahares,
la mecen sus costaleros,
¡qué belleza, qué donaire!
Cuántas latillas de vino
al sudor de los jornales
y a la humildad del oficio
de herreros y calafates,
areneros, pescadores,
artistas de los tejares
y marineros de espuma
perdidos por esos mares,
cuántas almas le rezaban:
Esperanza, ¡Dios te salve!
La barra del Morapio. Las cajas de cerveza eran de madera, todavía no se fabricaban de plástico.

VI
Ya, solo pena y olvido,
ya, tristeza y soledades
que se rebelan al sueño
de ver por sus ventanales
otra vez sirviendo vino
y reviviendo rituales
a la gente que nos daba
la gloria por seis reales.
Aún recuerdo sus aromas,
me acuerdo de sus postales,
de sus cuadros, de sus tizas,
sus estampas, su almanaque,
y  cuando Manuel ponía,
luchando con sus andares,
la copa de su cariño
a su amigo Pepe Ibáñez:
¡Llena otra vez, tabernero,
que tú pintas todo el arte!
Oír como tantas veces
le aconsejaba a mi padre:
“No hay que entrar en la botica
si no es preciso, compare,
véngase usted pa´l Morapio
que es sitio de hombre cabales,
y mejor que un “asperina”
pruebe usted de su mollate.

En la barra del Morapio. Otro tiempo, otro aire, otra manera de vivir.

Los tangos del Titi. Fueron grabados en el Morapio. Canta el Titi, bailan Carmen la del Titi y Pepa la "Calzona", (a la que por un equivoco, rotulan como la "Cartona". Además la que baila primero es la del Titi y la "Calzona" después). Están también Manolo Brenes a la guitarra, Carmen de Diagueles, Carmen Montoya y "El Morito". Que lo disfruten.

Si quiere saber los pasos que doy,
venga tras de mi, que  a Triana voy,
que a Triana voy.

lunes, 11 de julio de 2011

LA MILLA CERO DE LA TIERRA ESTA EN TRIANA

         En septiembre de 2010 fue colocada una esfera armilar en la Plaza de Cuba, que señala la milla cero del planeta, y que conmemora la primera vuelta al mundo, iniciada por Magallanes y que consumó Juan Sebastián Elcano. ¿Por qué está en Triana la milla cero de la Tierra? Porque de su orilla, del antiguo puerto de Las Mulas salieron las naves destinadas, en principio a encontrar una ruta corta hacia las Molucas, -ruta de las especias- y que después se convirtió en la gran hazaña que desde pequeños hemos admirado como ejemplo de superación ante las adversidades.


En astronomía, una esfera armilar, conocida también con el nombre de astrolabio esférico es un modelo de la esfera celeste utilizada para mostrar el movimiento aparente de las estrellas alrededor de la Tierra o el Sol. (De Wikipedia)
         ¿Es pronto para comenzar la  celebración de una efeméride de algo que sucedió en 1519? Para 2019, faltan algunos años, pero… España es tierra de improvisaciones, de carreras de última hora.  ¿Se hará esta vez también así?
         Varias instituciones apuestan por derecho por tal conmemoración, como puede verse en la placa colocada en la base de la esfera.
         Además, existe una fundación que está trabajando en firme, y adelantándose a la celebración a la que luego respaldarán todos los estamentos para apuntarse el tanto. Pero el tanto ya está ganado, y las cámaras de comercio de Sevilla y de Andalucía, junto con la Confederación de empresarios de Andalucía están apostando por la Fundación Nao Victoria, cuyo enlace os dejo por interesante y ameno:

El viaje: un poco de historia.
         Al rey portugués no le interesó el tema. Magallanes abandonó su país y vino a Carlos I para exponerle su osado plan. Después de un primer rechazo, el rey tragó, quizá animado por los consejos de un tal Aranda, director de la casa de Contratación de Sevilla de hacerse con el control de las Molucas, islas que durante los siglos XV y XVI, fueron objeto de deseo de ingleses, holandeses, españoles y portugueses, porque era la única región productora de nuez moscada y otras especias muy apreciadas en Europa. La idea era navegar siempre por aguas de Castilla, pero queda más claro en esta ilustración que demarca perfectamente el hemisferio que correspondía a Castilla y el que pertenecía a Portugal. Las Molucas están situadas encima de Australia.

         Porque Magallanes, está claro, no pretendía dar la vuelta al mundo, ni esa era su idea primigenia, sino llegar por un camino más corto a las Molucas. Fue Elcano el que decidió en Filipinas, al morir el portugués,  navegar hacia el oeste para encontrar África y llegar a España. Y de aquella decisión nació la leyenda y el fundamento de esta historia.
         Elcano era un marino vasco. En aquella época era capitán mercante, afincado en Sevilla, y fue liberado de una condena mediante un indulto de Carlos I, a condición de que participara en la “locura” como oficial. Fue, por tanto, ya que Magallanes sucumbió en el intento, el que culminó aquella hazaña. Se rebeló contra su almirante y cuatro meses del viaje, los hizo encadenado y haciendo trabajos forzados. Curiosamente, Magallanes recuperó su confianza y le devolvió el mando de la Concepción. Recovecos de la historia.
         Volviendo atrás, el día 10 de agosto de 1519, la expedición partió de Triana, y ya con toda la tripulación a bordo, Magallanes mandó disparar unas salvas, para anunciar a la ciudad la partida, con cinco naves pertrechadas para un viaje de dos años, que luego fueron terminadas de abastecer en Sanlúcar de Barrameda, donde permanecieron un mes, en espera de buenos vientos, y en las Canarias. Eran las siguientes: la nave capitana, Trinidad, la Concepción, mandada por Juan Sebastián Elcano, la San Antonio, la Santiago y la Victoria, que fue la única que regresó.
         Hay una lápida que lo conmemora en la calle Juan Sebastián Elcano. Su última frase: “La ciudad de Sevilla les erige este mármol promesa de otro digno monumento”. Antes de de que pase ese momento, empujemos entre todos, para enaltecer uno de los hechos más importante de la historia de la humanidad, y tan cercano a nosotros.


         El cronista del viaje, fue Antonio de Pigafetta, del que tenemos testimonios tan dantescos como este.
         El agua que nos vemos obligados a beber esta igualmente podrida y hedionda. Para no morirnos de hambre, nos vimos aun obligados a comer pedazos de cuero de vaca con que se había forrado la gran verga para evitar que la madera destruyera las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que era necesario sumergirlo durante cuatro o cinco días en el mar para ablandarlo un poco; para comerlo lo poníamos en seguida sobre las brasas.” 
         Luego, sentenciaba.
"Pienso que nadie en el porvenir se aventurará a emprender un viaje parecido”.
         Y una curiosidad: Llevaban un calendario, pero no habían caído en que como estaban dando la vuelta al globo de Este a Oeste, volvían con un día de retraso. Llegaron a las islas de Cabo Verde, que pertenecían a la Corona portuguesa y allí se enteraron de la fecha en que vivían.

Triana y la primera vuelta al mundo.
         No hay acuerdo sobre un número concreto de los tripulantes. La formaban unos 234 hombres, según unas fuentes, 265 y 270 otras, y por cierto, gran parte de la marinería era de Triana, de donde partió la expedición. En Triana, y hasta mediados, más o menos del siglo XX ha habido mareantes, que es el nombre con el que siempre se ha conocido a los trianeros que se embarcaban, e incluso disfrutó de una universidad de mareantes, sita en la casa de las columnas de la calle Pureza, edificio actualmente en pie.
         Estas pasadas fiestas de Navidad, y en la actuación del coro de campanilleros de “Nuevo Sábado Club” en la Parroquia de Santa Ana, el párroco les enseñaba el retablo donde se venera a la Virgen de la Victoria, y les decía que era la misma imagen ante la cual se habían postrado Magallanes, Elcano y su tripulación y a la que encomendaron su viaje. Entonces, la imagen estaba al culto en el convento de los Remedios, junto al Puerto de Mulas. Pero la encomienda no debió surtir mucho efecto, pues de 234 sólo volvieron 18, y se quedaron en Sanlúcar porque traían las fuerzas justas. Allí, en el Ayuntamiento, hay otra lápida con el nombre de los dieciocho. Además, parece ser que embarcaron trece indios de los que sobrevivieron algunos, llegando a puerto.

sábado, 9 de julio de 2011

SONETO DE LA ROSA BLANCA


Para José Luis Galván.

No merece extinguirse el Sol si no es por ti,
ni puede fulgurar la luna si arrebata
la rosa blanca de otro tiempo en que cogí
puyas de gozo de aquella zarza inmediata.




Foto de José Luis Galván
  

Templando estoy, dolor, en tus ojos de gata;
recuerdo, incorpóreo el tiempo que  habité allí,
labrando corazones en rizos de plata,
fijando a tu cintura flores de alhelí.


Foto de José Luis Galván
 

Desalmada  noche que estando de guardián,
a tejer en seda y oros el agremán
cortés que adorna mi ilusión y regocijo,



Foto de José Luis Galván
 

vino a mis soledades a buscar cobijo;
y una vez que halló la llave de mi escondrijo,
volvió mil veces a dar voces al zaguán.



Foto de José Luis Galván
 

domingo, 3 de julio de 2011

LAS FRONTERAS DE TRIANA


                Una letrilla de sevillanas de Los Romeros, de Oliva, y música de Moya, señala:
Triana limita al norte con un tejar de alfarero
y al sur con barcas veleras del puerto camaronero.



El puerto camaronero de García Ramos. Las cigarreras de Triana, como no estaba hecho el puente de San Telmo, y para no dar el rodeo hasta el Puente de barcas, luego de Isabel II, atravesaban el rio en una de esas barquillas y llegaban antes a la Fábrica de la calle san Fernando. Al pasar la barca, me dijo el barquero...
Mi tatarabuela paterna era cigarrera, esa historia pertenece a una futura entrada, en fin...
 
                Y son muy ciertas esas fronteras geográficas, por una parte la vega, con sus tejares, hoy desaparecidos, sus cuadras, sus humildes casas, su muro de defensa, etc... Y por otra,  la más patente, en agua, orillas físicamente perfectas, infranqueable sin barcas, el Guadalquivir, o lo que queda de él.  Otra cosa, diferente y a la cual he  creído oportuno hacer un comentario, son las fronteras mentales, y que algunos llevan en ostentación sin ningún soporte racional.
                Si históricamente, Triana y su gente se han erigido en crisol del arte, y no sólo del flamenco, como es indiscutible, también es preciso reconocer las múltiples –a veces fundamentales- contribuciones  que nos han traído gente de fuera de Triana, y que a la larga se han convertido en santo y seña de la trianería más genuina. En el orden literario, musical, político,  artesano e incluso humano y sentimental, son infinidad los ejemplos que podríamos traer aquí de gente que viene a traer y que exige muy poco. Que sigan viniendo.
                Que haya nacido fuera de Triana gente como Márquez el Zapatero, Marifé de Triana, Jesús Heredia, con respecto al arte cantaor, puede ser significativo. Pero más aún saber que  ni Rodrigo de Triana siquiera nació en nuestra tierra, sino que parece ser que era onubense, y algunos apuntan a Lepe como su patria chica. Y ahí lo tenemos, en el monte Pirolo, señalando al nuevo mundo, como insignia de nuestro barrio.


Rodrigo... ¿de Lepe?
                     Pregunten a los de mi quinta, a ver cuántos nacieron en las Cinco Llagas, justo enfrente del Arco de la Macarena, porque en aquellas fechas a las mujeres las aconsejaban parir allí, como hospital de más confianza. Macarenos por derecho de suelo, trianeros puros. No se es mas trianero por haber nacido en Triana, sino por amarla más; yo no nací en el barrio, ni vivo allí, pero me considero barbo hasta las cachas.
                Algunos aseveran que Triana se extiende, más allá del puente, hasta  la calle san Pablo, y que Reyes Católicos es territorio trianero, ya que, con cierto fundamento, allí se ubicó la PUERTA DE TRIANA, derribada en el XIX, y que tomada en el sentido literal de las cosas, es el lugar donde Triana comienza.


La Puerta de Triana estaba entre las calles Julio César y Santas Patronas, y por ella se accedía a la calle san Pablo y a la Magdalena
             
                Y mientras algunos radicales discuten sobre si San Gonzalo es o no Triana, también hay quien, con más salero, afirma que Triana es toda la orilla derecha, y que se prolonga en el Aljarafe y acaba cuando acaba el Aljarafe, es decir, que tiene pinares, olivos, viñas, y no sólo rio, sino arroyos y regatos.  Y hasta pueblos añadidos, con su gente incluida, sus cantaores, sus genios y sus poetas.
                Si territorio trianero hay hasta en el espacio sideral, mire usted… ¿o acaso la misión a la que la NASA llamó TRIANA no lo es? Pues entonces…

                Bienvenidos todos, bienhallados nosotros, y sepan que hoy viven más trianeros en los polígonos que en la misma Triana, pues tras la diáspora, no es el Altozano el mejor sitio para el compás, sino algunos rincones de las Tres Mil, de la Candelaria, y que existen más Fernández, más Canela, más Moreno y más Lérida en San Pablo y en el Polígono Norte que en la calle Pureza.